Columna 10
Reforma y contrarreforma en el islam
Quien no piensa en lo lejano tiene la pena cerca.
Confucio
Quien no tiene una meta a la vista tampoco puede dejar camino atrás.
Ernst Ferstl
Queda por ver quién escribirá el próximo capítulo de la historia del islam. Pero ya hoy puede decirse quién ganará finalmente la guerra entre las fuerzas de la reforma y las de la contrarreforma. Cuando Mahoma puso en marcha en La Meca, hace mil cuatrocientos años, una revolución para sustituir las condiciones arcaicas, rígidas e injustas de la sociedad tribal por la visión radicalmente nueva de una moral otorgada por Dios y de la igualdad social, rasgó el tejido de la sociedad árabe tradicional. Solo tras años de violencia y destrucción pudo liberarse el Hiyaz de sus «falsos ídolos». Y pasarán todavía muchos años antes de que el islam se libere de sus nuevos falsos ídolos de la beatería y el fanatismo, adorados por quienes han sustituido la visión de tolerancia y concordia de Mahoma por sus propias ideas de odio y discordia. Pero esa liberación llegará; la reforma ya no puede detenerse. La época de la Reforma islámica ha comenzado. Vivimos en medio de ella.
Reza Aslan
Una parte de la reforma islámica consiste en ganarse el corazón y la mente de los musulmanes. El mensaje de la reforma debe difundirse. Debe poder verse, leerse y oírse. Una posibilidad son las octavillas con versículos del Corán que muestren al lector que Alá podría haber hecho de todos una gran umma; pero que quiso poner a prueba a los poseedores de la Torá, los Evangelios y el Corán y hacer que los creyentes rivalizaran en las buenas obras.
El Día del Juicio Final llegará cuando Dios lo quiera, y entonces recompensará o castigará a las personas según su conducta en su vida terrenal.
Los medios de comunicación, la formación, las octavillas y la conversación deben difundir el mensaje.
Una octavilla en escritura árabe podría empezar así:
En el nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso: no hay más dios que Dios y Mahoma es su profeta.
Y luego los versículos adecuados, p. ej. [2:62], [3:4], [5:48], etc.
¿Todo palabrería estúpida de infieles?
Bendito sea quien, no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarlo.
George Eliot

Nueva columna – página 11
Le desea de corazón un ciclo de trabajo productivo